Morir abrazada

Me solté de la nave:
no lo deseaba, resbalé
y caí, caí, caí.
Mientras pasaba por mí el cielo
y la dureza de lo que es se apresuraba hacia mis huesos
resistí el desmayo
resistí cerrar los ojos
resistí el olvido ante el inminente impacto.
Incluso fuera de cualquier medida,
fuera de proporción mi cuerpo temblaba
la velocidad deformaba mis facciones
la sonrisa no era aparente
y el lente que pretendía atraparme me sostuvo en momentos
narrando una historia, hilando los instantes
(la verdad quedó flotando en el aire)
las imágenes se volvieron todo lo que importa
en su trascendencia relativa a los vientos.
La caída seguía en línea recta
deseando encontrar en ella alguna otredad
con quien pudiera sostenerme por lo mientras
y hacernos cosquillas
con sueños de camas, rincones oscuros,
pisos para correr y refugiarnos de la lluvia.
Sueños, la caída es muy larga.
Busqué la manera de planear, de abrir unas alas, alguna superficie que hiciera fricción
no para evitar la caída, sólo para poder deshacer su rectitud
y buscar mis pares, gente aliada
buscar contactos
irrumpir en el sueño vertical de algún otro ser.
Soñé que moría abrazada al calor de otro cuerpo.
Ahora sé lo que busco
mientras vuelo y caigo.
Sueño y caída.
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