En la voz narrativa: El Gato Michel

Micaela, debes recordar, rascarle a los recuerdos. Micaela, tienes muy mala memoria, para ti todo es una imagen borrosa. Pero sabes que has sido independiente, que te dejaron tan libre, que confiaron tanto en ti, que luego no supieron cómo detener o desviar tu paso empecinado, tu trote desmedido, tantas veces tambaleante. ¿Cuáles fueron tus límites? ¿Dónde hallaste autoridad que no fueras capaz de burlar?

Asúmelo Micaela, te criaron no para ser una mujer, sino para ser una gata. ¿Por qué entonces -te has de preguntar- se asombran de que no hagas caso y de que sólo haces lo que tú quieres hacer? Como una gata, pareces dócil en un principio, tierna, domesticada, pero no puedes jamás evadir tu naturaleza salvaje.

¿Ahora recuerdas? Desde que aprendiste a caminar no titubeaste en ir a pedirle a la vecina, con tu lenguaje de bebé, unos frijolitos para comer. Desde entonces te escabullías y le decías ‘abuela’ a la abuela de otros niños. Pertenecías sólo a donde tú querías pertenecer, como un felino, hacías de tu reino el camino por el que andabas.

No te sorprendas, Micaela, de no encontrar límites. En su cabeza, los gatos no tienen límites, pero eso sí, sólo tienen 7 vidas.

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