Laberinto

El laberinto está hecho para que una se encuentre sólo después de haberse perdido. El mapa, en cambio, sirve para evitar la confusión, para saber siempre dónde anda una parada sin la penosa molestia de asumirme atrapada en la geografía. El mapa es útil para dominar el paisaje, para conocerlo sin haberlo pisado y supone que alguien más ya transitó el territorio, ya lo exploró y conquistó. Supone que lo que se traza en el papel no es creación sino réplica e imitación de lo dado: los caminos, los ríos, los bosques, las fronteras, los relieves. El mapa implica que existe algo que, separado de mi mente, se debe captar tal cual es para comunicarlo efectivamente, para serle fiel.

 

Agosto 2010

No conozco los contornos, los límites, las fronteras de mis territorios. No conozco las sutilezas de estas vastas tierras. Aún no hay un mapa completo de los caminos, las laderas, los pueblos, cerros, lagos, lares, ríos, bosques… He perdido la cuenta del hilo de las cosas y sólo reconozco pequeños tramos andados, algunos caminos y lugares tatuados al recuerdo y otras veredas apenas ubicables entre la maleza de mis selvas.

No tengo por compás otra cosa que este momento atado a la memoria, este presente en retrospectiva. A veces es un rogar por algún orden, algún sentido determinado que me facilite el próximo paso. Otras veces surge sin premeditación, nacido de su propio impulso, desde su propio tiempo como una oleada que me golpea el pecho y que viene desde sacudidas remotas. Así que no habrá que sorprendernos si estas páginas reflejan una vista fragmentada. Lo que espero es que detrás de este trastejo de impresiones históricas se pueda revelar en su justa dimensión, el recorrido de mi vida. ¿Cómo puedo saber qué es la vida si no he examinado la mía?

Será, pues, mi mapa, mi consuelo, mi confesión, mi descubrimiento, mis aciertos y mis oscuridades. Mi propósito es la paz: reconciliarme con mi pasado, reconciliarme en el presente, reconciliarme con la vida, con la muerte

 

Pero, ¿acaso mis recuerdos son copias fieles de lo ocurrido? Cuando miro hacia atrás y trato de expresar eso que a los ojos del corazón se les presenta, eso que fui, que dije, eso que hice frente al mundo al que me arrojaron, ¿digo las cosas tal como fueron, o es que hablo desde mis propias ficciones? Un mapa definitivamente es un consuelo, pero ¿es posible que cumpla lo que promete? Frente a la admirable geografía, lo desconocido, eso que aún no está cartografiado, espera paciente a que alguien se lance a la exploración de sus rincones para su fiel reproducción. Habrá aventura quizá, pero no habrá creación.

Ahora veo que trazar mi vida no es dibujar el mapa de mis caminos. Escribir mis recuerdos no consiste tanto en imitar los hechos como en crearlos, siempre sostenida del presente huidizo. Además, el mapa supone una vista aérea que se tiene sólo después de dominado el terreno, con su punto de partida y su punto de llegada. Pero la vida no es así. Aunque sepa que en algo voy a terminar, no sé cómo ni cuándo llegará ese final. También sé que hubo un comienzo, pero no recuerdo el comienzo del comienzo, no recuerdo qué me llevó a ese umbral. Desde siempre he estado inmersa en el laberinto, desde siempre estoy buscando perdurar el camino, deseando no encontrarme en callejones sin salida, aunque no tardé en darme cuenta de que éstos son inevitables y tantas veces he tenido que volverme sobre mis pasos para seguir hacia delante.

En el laberinto no puedo evitar la confusión, el temor y el constante deseo por arribar a algún punto elevado que me permita observar las dimensiones que recorro y entender así la lógica de los muros que me empujaron por una u otra dirección y por fin captar la unidad, que como un logos que encadena los puntos de la línea, conecta los caminos. Tal vez este conocimiento arroje luz al contenido de mi voluntad: ¿por qué desee lo que quise en cada momento? ¿Por qué decidí hacer lo que hice? ¿Por qué no realicé otras posibilidades? Desde lo alto, pues, podré saber que el laberinto no sólo me fue impuesto, sino que también lo instauré, lo hice desde adentro, decidiendo avanzar, buscar atajos, romper reglas y brincar muros, aceptando las lecciones del camino. Pero sé que toda elevación aún se encuentra dentro del laberinto, que todo centro panóptico está atado por su base al suelo que comparte toda la estructura. La esperanza por salir de la confusión me guía hacia ahí montada en mis dos yeguas, pero sé que al llegar habré de devolverme a los vericuetos para seguir en movimiento.

Hasta ahora la experiencia me ha mostrado que el laberinto no se comparte, aunque esté hecho de la misma materia que constituye todos los laberintos. Para mí ha sido una experiencia solitaria, no porque no encontrara siempre buena, muy buena y mala compañía con quién vivir sus pasajes, sino porque mi cuerpo se enfrenta solo a su naturaleza finita. ¿Seré acaso una soberbia? ¿Será que no sé que también la muerte se comparte? Sé que mi laberinto es uno más empalmado a un gran mar de laberintos: la incógnita del futuro, el andar del destino, laberínticas burocracias que sortear, rostros que como caminos bifurcados nos cambian el rumbo hacia otros pasajes insospechados, los laberintos de la mente, el laberinto cultural, la esperanza de encontrarle un sentido a tanto mareo y confusión, la certeza de saber que todos los caminos están conectados.

Pero yo realzo la soledad. Pita Amor decía que ella había vencido la angustia por haberla consumido; yo no la logro vencer, no se acaba para mí. Ante cada personaje que bifurca mis opciones mi rostro aumenta en grosor pero jamás es máscara. Otro decía que la angustia es el precio de ser uno mismo, y yo me hundo en la transparencia. Lo que no quiere decir que no cambie y me transforme o que adopte mis roles identificada y plena; no, yo sé que soy capaz de jugar a las ficciones que delinean la realidad. Aún así, en el juego nunca hay falsedad: todos esos rostros que interpreto siempre son mi rostro. No hay actuación.

Pero, en el fondo, quiero matar la angustia y enterrar mi rostro bajo las máscaras e interpretar libremente cualquier posibilidad.

Laberinto en espiral – Remedios Varo
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