Mujeres frente al espejo: la reeducación de la soledad.

La educación que recibimos no sólo establece el tipo de relación que tenemos con el mundo, sino que también la relación con nuestro propio ser. Se podría decir que para relacionarnos con nosotras(os) mismas(os), estamos siempre mediadas(os) por la educación que recibimos. Y no me refiero únicamente a la educación escolar, sino también, y principalmente, a la que recibimos del entorno familiar, social y mediático. Es la educación que engloba todo lo concerniente a quiénes somos y cómo debemos ser. Esa es una educación que se palpa en nuestra carne, que se aprecia en el espejo, en nuestras miradas, que se escucha en nuestras palabras y se plasma en cualquiera que sea nuestro trabajo. Esa educación no se puede quedar en la mera teoría, pues se trata de la savia que se transmite de vida en vida. Y como la vida, esa educación cambia, con transformaciones que no son ni espontáneas ni fáciles.

Cuando crece una insatisfacción respecto a lo que te han enseñado que debes pensar, sentir y hacer por “ser quien eres”, cuando te han dicho que tienes un rol que interpretar pero cuyo guión ya no te sirve de guía sino que te subestima, te vuelve invisible, te enferma y te maltrata, es tiempo de cambiar lo que se ha aprendido y reeducarse.

Si hemos de ser sensatas(os), es recomendable no cambiar una educación por otra de manera acrítica, es recomendable dudar, dudar de nosotros y nosotras mismas, de nuestros propios pensamientos y deseos. Pero esa duda ha de ser dirigida por la búsqueda de bienestar, de goce, de amor, de libertad.

Los feminismos representan formas en que mujeres (y hombres también) han buscado reeducarse y mirarse a sí mismas(os) y al mundo a través de otros parámetros. Los feminismos no son mera teoría, tampoco mera práctica, conforman educaciones distintas tan profundas como esa savia que se transmite de vida en vida e implican una seria transformación de lo que vemos en el espejo.

Para las mujeres la tarea de reeducarnos es bastante personal y me atrevo a afirmar, más como un consejo a partir de mi Jack Davisonexperiencia que como un imperativo universal, que nuestra reeducación comienza por estar solas y reinventar la relación que tenemos con nosotras mismas. Comienza por entender de forma distinta nuestra soledad.

Al respecto, Marcela Lagarde tiene un texto iluminador titulado “La soledad y la desolación”, en el que expone las formas en que se nos ha enseñado a considerar nuestra soledad como sinónimo de desolación y a temer ese estado en el que nos relacionamos con nosotras mismas de manera autónoma.

Nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía, porque desde muy pequeñas y toda la vida se nos ha formado en el sentimiento de orfandad; porque se nos ha hecho profundamente dependientes de los demás y se nos ha hecho sentir que la soledad es negativa, alrededor de la cual hay toda clase de mitos.

Incluso cuando estamos solas, nos dice Lagarde, no dejamos de relacionarnos con nosotras mismas a través de las demás personas con los recuerdos y la nostalgia. Siendo expertas nostálgicas, “la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas”. Una gran ansiedad nos inunda, sopesada por la esperanza de que llegue alguien que nos salve de nosotras mismas. Pero la experiencia de la soledad es algo vital, es enteramente nuestra experiencia, lo que nos llevaremos a la tumba con nuestros huesos. Lagarde define a la soledad como una necesidad vital y enriquecedora:

La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. La soledad es un espacio necesario para ejercer los derechos autónomos de la persona y para tener experiencias en las que no participan de manera directa otras personas. Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona. 

Para transformar la percepción que tenemos de nuestra propia soledad es necesario hacer muchos cambios en la vida cotidiana y significa tomarnos en serio, otorgarnos espacios y tiempos para estar con nosotras mismas, pensar, gozar y sentir sin la necesidad de compartir, corroborar y compararnos con otras personas. Significa aprender a vivir con autonomía: intelectual, emocional, simbólica y material.

Lo que más me llamó la atención del artículo de Lagarde es como establece la soledad como una experiencia que nos permite hacer nuevas conexiones mentales, en donde “pensar en soledad es una actividad intelectual distinta a pensar frente a otros”, porque en soledad nos es posible dudar:

Cuando pensamos frente a los otros el pensamiento está comprometido con la defensa de nuestras ideas, cuando lo hacemos en soledad, podemos dudar. Si no dudamos no podemos ser autónomas porque lo que tenemos es pensamiento dogmático. Para ser autónomas necesitamos desarrollar pensamiento crítico, abierto, flexible, en movimiento, que no aspira a construir verdades y esto significa hacer una revolución intelectual en las mujeres.

Morgan WeistlingPor supuesto que para pensar críticamente y aprender cosas nuevas es de mucha ayuda la cooperación y el intercambio de ideas con otras personas. Pero para que esta cooperación rinda los frutos de la creación y el pensamiento libre, es necesario que las personas involucradas no tengan miedo a actuar y decir lo que piensan de manera autónoma.  Y lo que impide a las mujeres tener esa autonomía es una subjetividad construida a partir de la educación que nos enseña a ser dependientes, impotentes y en perpetua búsqueda de la aprobación exterior.

La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posiblidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión. Se trata de hacer de la soledad un espacio donde es posible romper el diálogo subjetivo interior con los otros y en el que realizamos fantasías de autonomía, de protagonismo pero de una gran dependencia y donde se dice todo lo que no se hace en la realidad, porque es un diálogo discursivo. Necesitamos romper ese diálogo interior porque se vuelve sustitutivo de la acción ; porque es una fuga donde no hay realización vicaria de la persona porque lo que hace en la fantasía no lo hace en la práctica, y la persona queda contenta pensando que ya resolvió todo, pero no tiene los recursos reales, ni los desarrolla para salir de la vida subjetiva intrapsíquica al mundo de las relaciones sociales, que es donde se vive la autonomía.

Voy a reformular estar idea. Estoy de acuerdo con que es necesario romper el diálogo interior en cuanto se vuelve sustitutivo de la acción. Pero es innegable que el discurso interior existe y que se forja en relación con el mundo y las personas con las que interactuamos. En este sentido, no es posible tener un pensamiento absolutamente autónomo, nuevo y propio. Así que no me parece adecuado (y ni siquiera posible) deshacernos de ese diálogo-monólogo interior por sí mismo, pues es al fin ahí donde germinan las nuevas ideas, las dudas y las reflexiones autónomas. Creo que basta con cambiar el contenido de ese discurso y plantearnos en él las preguntas vitales que Lagarde menciona: “aquí estoy, qué pienso, qué quiero, hacia dónde, cómo, cuándo y por qué”, en vez de las eternas nostalgias, miedos y angustias frente a la soledad del espejo.

Lo que enseña la educación patriarcal es que el espejo que se nos ha puesto enfrente a las mujeres no es nuestro, que nuestra bruja blanca nievessoledad no es nuestra. Ese espejo es el mismo por el que aquella bruja se preguntaba “espejito, espejito, ¿quién es la más hermosa?”. En realidad ese espejo no es un espejo: es una ventana por la que se cuelan los ojos del mundo, sus ojos con sus manos y sus manos con sus pensamientos y expectativas. Manos que pintan nuestras ganas, nuestra nostalgia y nuestra soledad.

Al crecer en dependencia, por ese proceso de orfandad que se construye en las mujeres, se nos crea una necesidad irremediable de apego a los otros. El trato social en la vida cotidiana de las mujeres está construido para impedir la soledad. El trato que ideológicamente se da a la soledad y la construcción de género anulan la experiencia positiva de la soledad como parte de la experiencia humana de las mujeres. Convertirnos en sujetas significa asumir que de veras estamos solas: solas en la vida, solas en la existencia. Y asumir esto significa dejar de exigir a los demás que sean nuestros acompañantes en la existencia; dejar de conminar a los demás para que estén y vivan con nosotras.

Para leer el artículo completo: http://e-mujeres.net/ateneo/marcela-lagarde/textos/-soledad-y-desolacion

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Un comentario en “Mujeres frente al espejo: la reeducación de la soledad.

  1. Estoy muy de acuerdo con el artículo ,ya que consideró que cada mujer tiene la oportunidad de tener una vida única , original, feliz y placentera ,si sabe como lidiar con la soledad y si aprende a separar su propio criterio del mundo y el criterio del mundo impuesto por la educación familiar ,ya mencionado, y de esta manera podrá ser capas de juzgarse a sí misma y ver de forma más critica a ésta sociedad de hoy en día . Pero tristemente consideró que ese es un mero sueño , ya que muchas mujeres no han sido capaces de ser autónomas , muchas piensan que sin un hombre no podrán ser felices o piensan que siempre serán juzgadas por ello , muchas más no tiene la fuerza o la voluntad para hacer de su viuda algo mejor y más placentero como lo dice en el artículo el pensamiento de estas mujeres no podrá ser cambiado fácilmente , por que se cierran a la razón.
    Hay otras mujeres que consideró que son muy fuerte enfrentándose a esta sociedad que aún no comprende muchas cosas como las madres solteras , yo tengo una tía que es madre soltera y es una mujer muy fuerte que ha sabido llevar a delante a su hijo , trabajando , esforzándose , y en muchas ocaciones se ha privado de placeres para poder darle lo mejor a su hijo , estás mujeres para mi son un ejemplo de un mujer fuerte , y consideró que son las que mas han sabido sobre llevar la soledad y que ha si ves son las que más han entrado en contacto con ellas mismas , por que cuando pasan cosas fuertes en su vida , aprenden a levantarse y a continuar.
    Yo espero que la igualdad se de y que más mujeres se den cuenta que son únicas y no necesariamente necesitan de alguien para poder ser grandes o hacer cosas , que se descubran y vean al mundo de una forma más crítica .

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