Purgarme de ese “amor” que no es amor

vomito amor románticoEstoy al fin en un punto de mi vida en el que tengo la suficiente conciencia y seguridad en mí misma como para saber cómo quiero amar y a quién. Por fin tengo claro que mi deseo es sobrepasar la utopía emocional del amor romántico sin por ello caer en relaciones superficiales que se desechan tan rápidamente como se consumen. Me propongo evitar estas dos caras de una misma moneda patriarcal: el amor romántico monógamo y la promiscuidad de las relaciones desechables. Ahora que confronto mi heterosexualidad compulsiva, ahora que reviso mi historia y encuentro en ella continuados intentos conscientes e inconscientes por escapar de la monogamia que he asumido con tanta frecuencia como un mandato obligatorio, una forma de amar incuestionable, una necesidad social.

Este mundo heteropatriarcal, donde la norma es lo que las Lesboterroristas llaman el “emparejamiento compulsivo”, donde la heterosexualidad se erige en una institución normativa y no en una simple preferencia sexual , donde el amor romántico subordina sexual, económica y simbólicamente a las mujeres, donde la monogamia es mandato y los celos son “naturales”, donde la persona “amada” es depositaria de nuestras propias expectativas e idealizaciones y no considerada como libre y dueña de su propia circunstancia, en donde “el amor” se erige como un contrato de propiedad, este mundo heteropatriarcal contemporáneo, decía, ofrece sólo dos opciones “amatorias”: o bien nos anexamos al dictado social y obedecemos a la compulsión de hallarnos en relaciones con personas a quienes les prometemos amor eterno, fidelidad y la construcción de un proyecto de vida en conjunto, siempre con la esperanza de no perder la pasión y la adrenalina de ese amor que nos alza, nos sublima como objetos de deseo y nos da un propósito que trasciende nuestra individualidad prescindible (para conformar luego ese “egoísmo a dúo” del que nos habla Coral Herrera en el texto que abajo les comparto); o nos encontramos en el opuesto: las relaciones desechables, que se entienden bajo la lógica del consumo, que son superficiales, a veces intensas pero, sobre todo, fugaces experiencias exentas de conexión profunda que llegan tan rápido como se van.

Yo opto ahora por ninguna de estas opciones y declaro que esas formas impuestas no son verdaderamente amorosas. El amor no impone, el amor no violenta, el amor no utiliza la persona amada como un producto, un medio para un fin propio, el amor no limita la libertad propia ni ajena, el amor no es un contrato de propiedad. El amor libera, no constriñe. El amor es comunicación, es respeto, es honestidad y es transformación.

Ese “amor” que no es amor se inscribe en una lógica del todo o nada, una lógica de opuestos (que se complementan): monogamia o promiscuidad, compromiso o irresponsabilidad, amor o lujuria, entrega o desecho. En esta lógica, las mujeres somos encajonadas en la típica polaridad de la mujer buena, santa, madre, virgen, esposa, y la mujer mala, perversa, pecadora, puta, bruja. Una polaridad creada por el patriarcado en vista, como dice Coral Herrera, del miedo que hay de las mujeres poderosas y libres que podrían salirse por completo del círculo del dominio patriarcal. Así, esta dicotomía se erige como un mecanismo para dominar los deseos y cuerpos de las mujeres.

Al fin ambas “alternativas” son producto de una misma visión (tergiversada) del amor: el verdadero amor es la primera opción, la monógama y heteronormativa, esto es, la fundada en una jerarquía donde la relación hombre-mujer es la forma más importante de amar y relacionarse; la segunda opción es la promiscuidad y las relaciones desechables o insignificantes. Ambas comparten el rasgo fundamental de las relaciones heteropatriarcales: la persona “amada” no se considera un fin en sí mismo, sino un medio para nuestros propios fines. Se le extirpa a la pareja de su libertad y autonomía y se le convierte en el objeto que saciará tanto nuestros deseos más banales así como nuestras necesidades identitarias y personales más arraigadas.tumblr_mlkjm1ivDo1s431wso1_1280

En mis fallidos intentos por construir otras formas de amar me he topado una y otra vez con esa lógica del todo o nada. Si mis parejas llegaban a abrirse a experimentar una relación abierta pronto claudicaban bajo el peso de las inseguridades y me daban el ultimátum: o andas sólo conmigo o no andamos en absoluto. Al cabo de algunos intentos con distintas personas, me doy cuenta de que esa es la más sensata de las respuestas negativas, pues implica simplemente la aceptación de sus propios límites. Así como ahora asumo que no quiero que me impongan la monogamia, yo tampoco busco imponerle mis preferencias amatorias a nadie, y acepto que si es una decisión consensuada y consciente, que se ha analizado y cuyas implicaciones se comprenden, la monogamia también es una opción válida.

Pero me he encontrado también con formas violentas de negarse a mis propuestas: implican insultos, reproches, celos y, lo que más me cala, la descalificación y desvalorización del amor que les tengo, del tiempo que les dedico y del momento que pasamos juntos. Como estás abierta a encontrar otras conexiones amorosas, piensan, eso significa que esta relación es desechable, que no te importa, y por ello, prefieren resguardarse en su propia indiferencia, no enamorarse, no abrirse a la posibilidad de una conexión transformativa, considerarme a la vez una persona desechable en su vida o dolerse ante mi libertad. Los reproches, celos y descalificaciones muchas veces aparecen en formas tan veladas que hasta se disfrazan de “teoría feminista” (“no eres una verdadera feminista porque andas con machos”, me dijo alguna vez una ex pareja que no podía afrontar sus propios celos), o se expresan con comentarios mínimos pero contundentes (“no quiero quitarte el tiempo, has de estar muy ocupada”, “tendré que hacer fila para verte”, etc.). He aprendido a descifrar estas agresiones y he aprendido a no tolerarlas más. Esto es con lo que tengo que lidiar como una mujer con preferencia heterosexual que, sin embargo, busca safarse de las relaciones heteropatriarcales.

Y también tengo que lidiar con mis propias incongruencias: por un lado, está el reconocimiento de que la monogamia no me ha hecho feliz, que siempre resulta ser un contrato lleno de falsedad e hipocresía para mí, y sin embargo me he descubierto queriendo agradar y satisfacer las demandas de los demás antes que las mías, causándome frustraciones que después se traducen en enojos injustificados, mentiras y maltrato hacia mis parejas. Así, yo también los he violentado al aceptar acríticamente el modelo del amor romántico que nos encajan tan artificiosamente pero bien hondo en el deseo. No estoy, pues, exenta de culpa.

Las implicaciones de la lógica del todo o nada del amor romántico para las mujeres son graves: por el lado de la monogamia, se encuentra la necesidad de pertenencia física y emocional que implica una dependencia, temor a estar sin pareja y el subestimar los propios deseos y proyectos, y, por el lado de que se rechace el modelo monógamo, nos enfrentamos a que nos tachen de promiscuas y fáciles, y de ser, de todos modos, un objeto hecho para satisfacer el deseo masculino. En cualquier “alternativa” estamos sujetas a la violencia potencial que es tácitamente aceptada dentro de las relaciones heterosexuales.mujer libre

Pues bien, en mi búsqueda de relaciones no patriarcales como mujer heterosexual, reconozco que primero he de ser autocrítica: no volver a aceptar, por confusión o debilidad, estar en relaciones monógamas sin cuestionar los motivos y las implicaciones, no volver a aceptar los deseos ajenos como más importantes que los míos y anteponer sus proyectos a los míos,  no volver a depositar mi valía y felicidad en un hombre, no volver a tener miedo de no tener una pareja, no volver a jerarquizar mis relaciones amorosas basada en normas heteropatriarcales, no volver a engañar y mentir por miedo a despertar celos o por miedo a perder una pareja, no volver a aceptar que desvaloricen mi amor, mi tiempo, mi energía, no volver a tolerar la violencia de los celos y la posesividad, no volver a depositar en otros expectativas que no les corresponden, no volver a pensar que el otro es un medio para mis fines ni permitir que me consideren a mí un medio para los suyos. No volver a ser ni la pecadora ni la santa, ni la princesa sumisa ni la bruja perversa, sino ser simplemente yo, más allá de las etiquetas. No volver a definirme siempre a partir de mi relación con los hombres. Y, sobre todo, lo que he de hacer es asumir la responsabilidad que conlleva hacerme cargo por entero de mi libertad y mis decisiones.

Después viene el tema, que ya da para otro artículo: pero ¿existen hombres con los que puedo construir el modelo de amor que me haga feliz? Yo creo que sí, que sí existen y que juntos podemos crear nuevas formas de amar, aunque no sea fácil. Pero, antes que nada, lo principal es siempre saber qué quiero yo y no dejarlo ir.

Aquí el iluminador artículo de Coral Herrera: http://nuriavarela.com/el-amor-romantico-como-utopia-emocional/

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7 comentarios en “Purgarme de ese “amor” que no es amor

  1. Claro ejemplo de autoconstrucción basada en una rica experiencia por la que no hay que sentir culpa alguna, todo es parte de la vida y de la búsqueda de una misma en aras de la congruencia y el ser cada día mejor.

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  2. ¡Me gustó mucho el artículo! ❤
    Se me hace muy cierta (y muy bonita también) la parte donde dices que "El amor no impone", porque el amor debe ser ambiguo e igualitario, siento que en el momento en que deja de ser eso se convierte en el "amor desechable" del que hablas. Para que una mujer empiece a amar, debe respetarse a sí misma y quererse con todos sus pros y sus contras; si esto se cumple, la mujer no se somete a las decisiones de su pareja y no se tiene que aferrar a algo que no es para ella.
    Siento que lo principal de estar en una relación es buscar la felicidad propia (tanto física como espiritual) sobre la felicidad de la pareja, más no dejándola de lado.
    Tomarse el tiempo para encontrar a la persona indicada es lo más sensato, pero muchas personas lo ven por el lado de no estar solos entonces dejan de considerarse como una persona libre de mente y dueña de sus propias circunstancias
    Y con respuesta a tu pregunta, yo creo que si existen hombres que cumplan con puntos que queremos para nuestro modelo de amor perfecto, solo hay que esperar a que lleguen.

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    1. El articulo esta fenomenal
      Es algo que me dejo pensando …
      Y es claro que lo mas importante es vivir de la experiencias y no sentir remordimientos de lo que hiciste o no hiciste.
      Para que una persona quiera amar debe de empezar ah amarse ella misma para amar ah alguien más.
      El aferrarse a una persona no correspondida no es lo correcto lo mejor es dejar que las cosas fluyan por si mismas y no forzar a nadie para que este a lado de ella.
      Lo mejor es disfrutar dia a dia lo que pasa.

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    2. El articulo en general me parecio increíble
      Es algo que me dejo pensando …
      Y es claro que lo mas importante es vivir de la experiencias y no sentir remordimientos de lo que hiciste o no hiciste.
      Para que una persona quiera amar debe de empezar ah amarse ella misma para amar ah alguien más.
      El aferrarse a una persona no correspondida no es lo correcto lo mejor es dejar que las cosas fluyan por si mismas y no forzar a nadie para que este a lado de ella.
      Lo mejor es disfrutar dia a dia lo que pasa.

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