Sobre la política de la felicidad: vivir como se piensa.

Hace poco me mudé de casa y al poco rato mis nuevos vecinos me invitaron a su “negocio”: un asunto de ventas de suplementos naturales que es, a la vez, un reto para mejorar tu propia salud física, emocional y financiera. ¡La panacea! Para iniciar en el “negocio” te dicen que tienes que fijarte primero 5 metas bien concretas, y te ponen ejemplos: conseguir el coche de lujo del año, terminar de pagar la hipoteca de tu casa, ganar 100 mil pesos mensuales…. Ok, sí, esos son sus ejemplos… ejem!…

Según sus explicaciones, en cuanto te dices “ya me vi” debes ir por el mundo convenciendo a cuanta gente te encuentres de que es posible lograr todo lo que queramos, de que la riqueza, belleza y salud está a la vuelta de un “sí quiero” y así los vas sumando al “negocio” a cambio de lo que llaman “una inversión”. Entre más gente logres incorporar al “reto”, entonces más ganas y así vas subiendo los escalones de esta hermosa panacea piramidal. Ganas dinero, te compras todo lo que has soñado, haces ejercicio y te pones como quieras, vas a conferencias sobre desarrollo humano, presumes el éxito que has alcanzado, “ayudas” a otras personas a lograr lo mismo, en fin, eres “feliz”.

¿Neta? Bueno, pues mi gusanito de la sospecha ya andaba dando saltos de alegría. Nada puede ser más sospechosa que la panacea, y más una panacea que te dice que puedes ganar 100 mil pesos al mes, sólo si quieres y le echas ganas. Pero no les voy a hablar aquí de mis sospechas sobre el “negocio”, que son bastante obvias por cierto (¡esquema piramidal, corre!). De lo que quiero hablarles es de las metas que se tienen en mente y de lo que suponen. Aristóteles ya nos hizo ver hace mucho tiempo que todo mundo está de acuerdo en que la meta, el fin último de nuestra vida es la felicidad, pero que está en chino ponernos de acuerdo sobre qué cosa es exactamente eso que llamamos felicidad. Ok, cuando mi vecino me hablaba de las 5 metas a tener en mente para entrarle al “negocio”, no me dijo que esas metas representaban mi felicidad, pero sí me dejó claro que son medios para alcanzarla. Si tengo dinero, hartas posesiones materiales y salud, ¿qué más quiero? ¿Acaso se necesita algo más para ser feliz? Pues según Hollywood, Televisa y todo el sistema patriarcal capitalista en el que vivimos, no, con eso basta, teniendo eso ya tengo todo lo demás garantizado: afectos, estabilidad emocional, autoestima, seguridad… en fin, felicidad.

Bueno, pues aquí aplica la frase: “Si Aristóteles viviera, sus cachetadotas les diera”. Sigue leyendo

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