Si me hubieran preguntado

 

Quisiera haber nacido sin fecha.

Ojalá hubiera sido la luna

quien me jalara

de las entrañas de mi madre

y no las manos de un desconocido

cuyo reloj atrasado dictaminó mi signo.

 

Hubiera querido salir al mundo

cual pez en la desembocadura de un río

para no herir mi ascendencia

acostada de espaldas

con las piernas temblando en el aire.

 

Ojalá me hubiera recibido la inteligencia

avispada de la matrona

que habría entendido la necesidad orgánica

de acercar mis gritos

al agrietado pezón que estallaba.

 

Si me hubieran preguntado qué quería

habría exclamado   ¡Alto!

al ciego paso de lo civilizado

 

fugitiva en esa pausa

de la razón instrumental

tan propia de los bancos y de la morgue.

 

Si me hubieran dado a escoger

nacería por entero mamífera:

un camello azotado contra la frialdad de la planicie,

y no contaría la altura de la caída

ni tendría inicio para conmemorar

cuanto he pertenecido

a la industria del tiempo.

 

Anuncios

Higos

Enflaco cada día sin miedo.

Dejo en los surcos y la cama

incontables brevas de mi tronco.

 

Parpadeo despacio,

la retina

proyecta casi inmutable la luz

como si en ella permaneciera la blancura

después de mi dádiva y despojo.

 

Cada día abandono, doy.

Cada día me roban y arrebatan.

La mirada se fija más y más

en la perfección de higos

expectantes de sus ramas.

No me atrevo a violentar

la perfección con mi hambre.

No los toco.

 

Y me vuelvo observadora del hurto

que picotea su jugoso centro y los mata.

Otros caen simplemente,

se abandonan a su podredumbre

fertilizando el suelo.

 

Silenciosa contemplo un destino.

Y cuando caen mis párpados

tantos higos permanecen

después de cada dádiva y despojo.